Resignificar el error: el gran desafío pendiente de la Evaluación Formativa

En el mundo de la educación, la evaluación del aprendizaje es un tema de interés y controversial. Muchas veces, causa dudas cómo poder implementar herramientas de evaluación formativa que sean útiles en el proceso de enseñanza aprendizaje. La evaluación del aprendizaje constituye un tema de singular interés por su complejidad.

Debida a la tendencia de expresarla como una medición, regularmente se utiliza para clasificar, sancionar o premiar al estudiante, dando énfasis al rendimiento y no necesariamente al aprendizaje. Desde esa mirada, la evaluación se concibe como una cuestión netamente técnica. 

Históricamente la evaluación se constituye con un instrumento de selección y control, cuyo nombre popular fue el examen; el fin de este último, fue valorar los conocimientos de los estudiantes después de una enseñanza impartida. Posteriormente aparece el término test, considerado como un instrumento científico y objetivo, que podía medir factores psicológicos del alumno como inteligencia, aptitudes, intereses y aprendizaje. 

La evaluación educativa bajo la óptica de la psicología experimental en el siglo XX, considera la Educación como un proceso sistemático, donde ésta es integrada dentro del proceso formativo, y donde su finalidad es la optimización del mismo, teniendo como objetivo proporcionar y obtener la máxima información acerca de este proceso, permitiendo el reajuste de objetivos, la revisión de planes y programas, la facilitación de la máxima ayuda y orientación a los estudiantes, elevando así la calidad del aprendizaje y aumentando el rendimiento de los alumnos. 

¿Qué es la evaluación formativa?

La importancia de involucrar a los alumnos en el proceso de enseñanza aprendizaje se respalda en diversos estudios y teorías de aprendizaje. El trabajo colaborativo y la aplicación de diferentes estrategias y metodologías activas, permite la creación de oportunidades de aprendizaje y centrar la educación en el estudiante. Sin embargo, la simple aplicación de estrategias centradas en el estudiante no son una garantía absoluta de aprendizaje significativo y calidad educativa. 

Las actividades seleccionadas o creadas por el profesor, la forma de implementar estas actividades durante el trabajo en aula, las decisiones que el docente toma y las acciones que implementa en base a los resultados de dichas actividades son indicadores críticos que hay que tener en cuenta. 

La evaluación formativa tiene como base el análisis de evidencia recogida por los profesores en tiempo real, que les permiten hacer comentarios e implementar acciones para mejorar la comprensión de los estudiantes. Este tipo de evaluación, comúnmente involucra un proceso cíclico en el que los docentes hacen visibles el pensamiento de los estudiantes, realizan inferencias sobre el nivel de comprensión alcanzado y actúan con base en la información disponible, con el fin de alcanzar los objetivos de aprendizaje establecidos.

La evaluación formativa implica un reto para el docente, se requiere, atención constante a las ideas expresadas por los alumnos, reconocimiento de las dificultades de aprendizaje más comunes y familiaridad con un repertorio de estrategias de enseñanza que respondan a las diversas necesidades de los estudiantes.

El impacto de dicha evaluación sobre el aprendizaje depende de la habilidad de los docentes para formular preguntas que hagan visible estos niveles de comprensión, reconocer ideas productivas y dificultades conceptuales, generar interpretaciones adecuadas sobre su pensamiento y seleccionar estrategias efectivas para resolver los problemas de aprendizaje detectados.

Desde esta perspectiva, el rol del profesor es mas bien de un coach educativo, ir rápido al error sin que la autoestima se vea afectada, hacer ver el error como un proceso natural en el aprendizaje.  

Por ello, un buen instrumento de evaluación formativa es aquel en que el estudiante está en constante conflicto cognitivo; así, se hace necesario generar actividades en que los estudiantes cometan errores y esto sea visto como algo positivo que produce el aprendizaje, y donde el análisis y la discusión grupal les permitan darse cuenta de que algo no esta bien: ¡¡Equivocarnos es aprender!!; 

Sin duda, la evaluación formativa ha tomado un rol central en los procesos de aprendizaje; un tema contingente que puede seguir creciendo para favorecer la calidad de la Educación y el desarrollo de las personas.

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